lunes, 7 de febrero de 2011

PLANTAS Y HOMBRES: UNA HISTORIA DE LOS MEDICAMENTOS


Plantas y hombres, una historia de los medicamentos, una Interesante serie documental en la que se narra la relacion entre algunas de las plantas más utilizadas en la medicina y el hombre. Se analiza la historia, el uso y los intereses farmacéuticos de cada una de ellas en los ocho capitulos que forman la serie.

























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jueves, 7 de octubre de 2010

La ayuda de las plantas amigas

Jengibre y cúrcuma son especias con un potente efecto antiinflamatorio. La cúrcuma previene el Alzheimer y algunos tipos de cáncer.

Las plantas aromáticas mediterráneas se encuentran entre los ingredientes culinarios con más antioxidantes. Entre las más recomendables se encuentran –por orden– el romero, el orégano, el tomillo, la salvia, la hierbabuena y la menta.

El ginkgo biloba combate males relacionados con el deterioro de la circulación sanguínea, como el infarto cerebral, la degeneración macular, la impotencia y los zumbidos en los oídos.

El astrágalo se utiliza para prevenir los resfriados y la gripe debido a sus propiedades antivirales. Otra planta potenciadora de la inmunidad es la equinácea (Echinacea purpura).

Las setas shiitake, maitake y reishi previenen las infecciones y el cáncer.

El cardo mariano protege frente a las sustancias tóxicas con las que hemos podido entrar en contacto.

El ginseng ayuda a las personas mayores a adaptarse a los ajetreos de la vida –mejora el funcionamiento mental– y refuerza su resistencia general ante las enfermedades.












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Con mente y espíritu siempre jóvenes

MENTE ACTIVA

Las personas mentalmente activas conservan mejor sus facultades a lo largo de los años que aquellas que han tenido una actividad intelectual menor. La curiosidad por varios temas no sólo disipa el estrés –que suele ser fruto de la obsesión–, sino que mantiene entrenado el cerebro. Arreglar un desperfecto en la casa o poner una estantería sin duda estimulan el cerebro tan intensamente como un cálculo matemático complicado.

Cada persona tiene un tipo de inteligencia y debe dirigirla hacia lo que más le interesa. Las habilidades mentales pueden cultivarse a cualquier edad. La madurez es un buen momento. El tópico de que con los años se pierde capacidad intelectual porque las neuronas se van muriendo es falso. Al contrario, aumentan las conexiones entre neuronas, lo que significa un incremento de las habilidades intelectuales. Éstas permiten pensar con más claridad y actuar eficazmente, como prueban las personalidades que han alcanzado sus mayores éxitos durante la edad madura. Sin embargo, el número y la calidad de las conexiones dependen de si hemos ejercitado el cerebro o no, por eso conviene diversificar intereses.

Plantearse objetivos a medio y largo plazo es necesario para gozar de una personalidad equilibrada y organizar la vida cotidiana. Los proyectos pueden ser personales o compartidos. Pensar en el futuro, en lugar de en el pasado, es otra de las características de las personas que se mantienen en buen estado de salud durante muchos años.

ACTIVIDAD SOCIAL

Según un estudio realizado por gerontólogos de la Universidad de Harvard, desarrollar actividades sociales es por lo menos tan importante como el ejercicio físico o la alimentación. La conclusión del estudio es que los médicos deberían empezar a incluir el aspecto social, además del ejercicio y la dieta, en los planes de salud preventiva.

La conversación, el hablar y escuchar a los demás es quizá la manera más natural de poner en funcionamiento las neuronas. Hablar por hablar está bien, pero aún es mejor discutir en grupo la mejor manera de resolver un problema o realizar un plan. La participación en actividades con un fin social, ya sea organizar una campaña de solidaridad o montar una fiesta vecinal, propicia la ocasión de aplicar la inteligencia constructivamente y fomenta el contacto con gente activa de todas las edades.

La generosidad, el hacer algo por y con los demás, genera autoestima y sensación de integración en la comunidad. Se ha demostrado que los contactos sociales reducen los efectos perjudiciales del estrés a través de un refuerzo de la respuesta inmunitaria. Además, la actividad social facilita el establecimiento de relaciones amplias donde la ayuda mutua y recíproca, relacionado con un mayor índice de supervivencia en la edad madura, es posible.

APOYO EMOCIONAL

El bienestar emocional se complementa con el físico y el mental. Las relaciones emocionales positivas, con la pareja, la familia, los amigos, son fuente de salud. Esto es algo que todos podemos comprender intuitivamente, no obstante existen estudios científicos que lo corroboran. Para las personas que mantienen profundas relaciones de apoyo, el riesgo de muerte prematura es un 75 por ciento menor que el de las personas solitarias. Asimismo, las mujeres que cultivan amistades duraderas son menos propensas a contraer cáncer y, si se llegan a ver afectadas, tienen más probabilidades de sobrevivir. Los síntomas de menopausia y los dolores menstruales son agudos en las mujeres con poco apoyo emocional, mientras que pasan desapercibidos en las mujeres con amistades.

La idea de que amistad y amor afecta de manera importante a la calidad de la propia vida en el futuro quizá ayude a que prestemos más atención a estos sentimientos en el momento actual.












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Platos moderados pero nutritivos

Según una investigación realizada en la Universidad de Wisconsin (EEUU), una dieta que aporte 1.500 calorías ayuda a envejecer lentamente aportando salud.

Los alimentos naturales y menos manipulados proporcionan el máximo de nutrientes. El recorte de calorías se obtiene disminuyendo las grasas y las proteínas.

Las bayas han demostrado cualidades especiales contra el envejecimiento. Los arándanos mejoran la memoria reciente, el equilibrio y la coordinación de las personas mayores.

La vitamina E, que se halla en aceites virgen extra, frutos secos y semillas, es un potente antioxidante que previene la degeneración de los tejidos y protege frente al cáncer.

La vitmina C (kiwi, naranjas, acerola), la vitamina D (huevos y leche), el selenio (levadura de cerveza, legumbres), el hierro (yema de huevo, cereales integrales, legumbres), el calcio (productos lácteos, almendras, tofu) y el ácido fólico (verduras de hoja verde, naranjas, legumbres) completan la nutrición para la longevidad.










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Combatir la ansiedad

Es también una manera de mantener bajo control el estrés, auténtica amenaza para la salud. Ejercicios respiratorios, técnicas de meditación o masajes son recursos en los que profundizar si la ansiedad –un mal cada día más frecuente– se ha convertido en un problema. Un estudio realizado por la Universidad de Harvard sobre 460.000 personas ha demostrado que las personas que alcanzan mayor edad tienen sólo una característica en común: no se estresan, no se preocupan innecesariamente. Esta virtud, según el estudio, es más decisiva que la dieta, el ejercicio, los genes o cualquier otra variable.

El estrés crónico está ligado al envejecimiento porque reduce la eficacia del sistema inmunitario. El cuerpo dedica su energía a reaccionar ante una supuesta amenaza, a costa de los procesos que protegen la salud a medio y largo plazo. La consecuencia es que aumenta el riesgo de padecer enfermedades.

Alimentarse, ejercitarse y descansar sólo resulta eficaz si somos optimistas. Las actitudes negativas son un lastre. Desde luego, los comportamientos no se cambian fácilmente. A veces se hace necesaria una terapia larga y dolorosa. Pero ya se busque un cambio de tono o una revolución interior, se conseguirá más fácilmente si nos zambullimos sin más en el cultivo de las actitudes positivas: el humor, el gusto por la belleza y lo placentero, el perdón, la gratitud… Con la edad, deberíamos sentirnos orgullosos de ser más sabios y comprensivos con las debilidades propias y las de otras personas. Si además se da sentido a la vida haciendo cosas útiles para la comunidad, las probabilidades de vivir más años aumentan. Y aunque no fuera así, serán más alegres y plenos.







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No hay salud sin movimiento

Un estudio de la Fundación MacArthur ha demostrado que longevidad y actividad física van de la mano. El ejercicio previene la mayoría de enfermedades a las que se enfrentan las personas mayores: tensión alta, problemas del corazón, diabetes, obesidad y osteoporosis. Pero, además, tiene otros efectos sutiles. Uno de ellos es que provoca la secreción de endorfinas, sustancias que potencian las defensas y la sensación de bienestar. Otro valor añadido es que el ejercicio practicado con regularidad desde la juventud favorece la integración corporal. Así evita las caídas y las posturas desgarbadas que se adoptan con el paso de los años. No obstante, no vale cualquier tipo de ejercicio. De hecho, si es demasiado exigente, produce más inconvenientes que ventajas. Basta con practicar una actividad de tipo aeróbico –que haga trabajar el corazón y los pulmones y no sólo los músculos– durante 30 minutos diarios con una intensidad moderada, es decir, sin perder el aliento. Caminar a paso ligero, correr, subir escaleras, nadar o ir en bicicleta son ejercicios óptimos.

Con el envejecimiento, el cuerpo pierde masa muscular. Para compensar esta tendencia conviene realizar ejercicios con peso por lo menos desde los 40 años. En las series con pesas no importa tanto la cantidad de kilos que se levantan como las repeticiones y el ritmo, que debe ser lento. Es suficiente con dedicar una hora, dos o tres veces a la semana.

Además, no estaría mal realizar dos o tres veces por semana sesiones de método Pilates, yoga o taichí porque combinan los estiramientos musculares, la flexibilización de las articulaciones, el entrenamiento de los centros del equilibrio y la comunicación entre cuerpo y mente a niveles profundos.

El descanso es la otra cara de la moneda. Resulta imprescindible para que los procesos de autorreparación se lleven a cabo con éxito. Siete horas de sueño, si es posible en armonía con las horas de luz y de oscuridad, son obligatorias, aunque muchas personas necesitan ocho o nueve. Además, durante el día, se deben reservar momentos para la relajación. Después de comer o cada dos horas de trabajo, conviene hacer una paradita, aunque sean unos minutos.







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